Irán: ¿se puede bombardear una paz?

¿Qué ocurre cuando una potencia puede destruir objetivos, pero no consigue imponer el desenlace político de una guerra? La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán obliga a mirar más allá de las instalaciones dañadas: también están en disputa la seguridad regional, la credibilidad de los acuerdos y el futuro de las sociedades. Una victoria militar inmediata puede dejar intactos los motivos que empujaron a combatir.
Para comprender esta guerra, conviene recordar cómo se pasó de la negociación al enfrentamiento. El acuerdo nuclear de 2015, conocido como JCPOA, estableció límites y controles sobre el programa iraní a cambio de alivio de sanciones. La retirada estadounidense en 2018 erosionó ese intercambio. Las posteriores escaladas hicieron más difícil reconstruir una confianza indispensable para cualquier salida diplomática.
La segunda edición de Geopolítica Alternativa tiene como objetivo presentar la visión geopolítica de dos escritores de origen iraní. Trita Parsi, doctor en Política Exterior, cofundador y vicepresidente ejecutivo del Quincy Institute for Responsible Statecraft, examina las oportunidades diplomáticas y las decisiones que las cerraron. Vali Nasr, doctor en Ciencia Política y titular de la cátedra Majid Khadduri de Asuntos Internacionales y Estudios de Oriente Medio en Johns Hopkins SAIS, explica cómo la memoria de la amenaza organiza la estrategia iraní.
Destruir una capacidad no garantiza una paz
Parsi distingue entre destruir instalaciones y modificar una conducta. Un ataque puede aumentar la voluntad de reconstruir lo perdido. Desde su perspectiva, la fuerza debe juzgarse por el orden político que permite establecer después. La presión necesita ofrecer una salida creíble para transformar el cálculo del adversario.
Nasr añade el problema de la confianza perdida. En sus análisis recientes describe la exigencia iraní de recibir beneficios económicos antes de renunciar a instrumentos de presión. Washington pide compromisos antes de conceder beneficios; Teherán teme ceder antes de recibirlos. Resolver esa secuencia constituye uno de los desafíos de la negociación. Estas valoraciones son interpretaciones de los autores, no hechos independientes demostrados por sus declaraciones.
El Golfo: una guerra que alcanza a sus vecinos
El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el mar de Omán y el océano Índico. La inseguridad de esa ruta afecta al transporte, los seguros, los ingresos estatales y el abastecimiento. Por eso, gobiernos que no desean participar en la confrontación necesitan influir en su desenlace.
En los escritos de Parsi, la posibilidad de perturbar el tránsito convierte la geografía en poder político. Nasr interpreta esa capacidad como respuesta a la inferioridad militar convencional: un Estado puede carecer de superioridad aérea y conservar medios para encarecer la guerra de su adversario. Transformar esa presión en una paz duradera exige obligaciones claras, tránsito protegido y mecanismos para comprobar los compromisos.
Proteger al Estado y recuperar un futuro
La seguridad regional depende también de los intereses de los vecinos y de la autonomía de los actores locales. Una salida diplomática debe ofrecer garantías que sobrevivan a los cambios de gobierno y puedan ser cumplidas por sus participantes. La sociedad iraní debe permanecer en el centro: preservar el territorio y las instituciones no garantiza, por sí solo, bienestar, libertad u oportunidades.
La revista desarrolla estas preguntas mediante los capítulos X y XI de La guerra contra Irán, de Eduardo Estrada Montenegro, acompañados de minibiografías, fotografías, infografías y conclusiones. Las ideas de Parsi y Nasr invitan a pensar cómo convertir la supervivencia del Estado en una vida menos expuesta a la guerra. La paz deberá medirse también por el futuro que devuelve a las sociedades.
Versión resumida de la introducción de Geopolítica Alternativa, edición 02: Irán, guerra y paz.
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